Una Inversión llamada Vida

Mi nombre es Arturo, provengo de una familia disfuncional como muchas en México, padres divorciados, un hermano sin futuro y deudas que hundirían de nueva cuenta al Titanic. Una vida poco envidiable pero que sin duda alguna me ha hecho aprender, madurar y crecer. Aunque siendo franco, no todo el tiempo fue así, existió una época donde pertenecíamos a ese exclusivo grupo de «familias felices».
Todo comenzó cuando estaba por salir de la escuela secundaria, por alguna razón mi familia se desmoronó frente a mis ojos. Sin pedir opinión alguna al respecto a mi hermano y a mí —quienes aún éramos muy jóvenes— decidieron separarse por sus propios intereses.
En aquel entonces no pasó por nuestra cabeza el impacto que dicha situación tendría, lo único que por mi mente cruzaba era una inmensa rabia hacia mis padres por tomar una decisión sin consultarnos. Mis padres al ver mi reacción simplemente no tocaron el tema y dejaron que el tiempo fluyera… error fatal.
Durante el transcurso de los meses todo aparentaba seguir el curso de la vida normal, a veces era tan extraño lo bien que sentía el que mi padre no estuviera más en casa, comenzaba a creer que era la mejor decisión que habían tomado. Mi madre ya no se estresaba por tener todo perfecto y ordenado en casa para cuando llegara mi padre del trabajo, al igual que ya no tenia por que esmerarse en las comidas y sus rutinas (era casa sin ley y se podía hacer lo que quisiera a la hora que fuera). Vaya, ¡todo parecía excelente!… error nuevamente.
Quería seguir creyendo que todo era perfecto, sin darme cuenta que la ausencia de mi padre si me estaba afectando, puesto que esta se ocultaba tras la cortina del "puedo hacer lo que quiera".
Una noche, mientras preparaba mi cena, entendí lo poco que tenía de mi padre y lo mucho que me faltaba… De pronto el gas se terminó y yo no sabia cambiar la terminal del tanque. Pedí ayuda a mi madre (quien no me respondió de muy buena gana) y estuvimos por una hora intentando cambiar el famoso tanque de gas sin éxito alguno.
Sin razón aparente, mi madre comenzó a llorar mientras se repetía a sí misma lo inútil que se sentía sin mi padre. El shock de aquella escena jamás lo olvidaré, por primera vez miré al ente de mi respeto caer de una forma terrible. No era la acción, sino el sentir de mi madre lo que me paralizó; traté de tranquilizarla y terminé por hacer el trabajo yo mismo, lo cual marcó una diferencia para los años venideros.
El hombre de familia
Algo que olvidé mencionar: durante el proceso de separación de mis padres creé una ideología anti-familiar de vida, la cual me marcó durante muchos años. Me convertí en una persona que solo cuidaba sus intereses sin importarle los de los demás. Sin embargo, lejos de mi ideología, siempre terminaba salvando el día en casa, lo que me llevó a ser "el hombre de la familia", papel que tanto rechazaba. Mi madre y hermano me idealizaron así, volviéndose dependientes de mis acciones y reacciones.
Pero esto, lejos de ser algo positivo, empeoro las cosas. Convertir a un pensonaje tan inmaduro en el soporte familiar, llevó las cosas abajo; yo no podía estar en todo ni ayudar en todas las situaciones, recayendo en lo que era más importante para mi: mis estudios.
Ruptura del querer y hacer
Es aquí donde todo el viaje de mi texto cobra sentido. A pesar de la situación en mi familia, yo siempre he sido un hombre de superación continua; jamás me doy por vencido —podría decirse que soy un 80% testarudo y un 20% persistente—.Tenía mis metas y aspiraciones fijas, estaba seguro qué quería, cuándo y cómo; ahora como un estudiante «preparatoriano» lo iba demostrar.
Durante el primer año en la escuela preparatoria di mi mejor esfuerzo siendo un alumno destacado y participativo. El tiempo en casa lo aprovechaba para estudiar y practicar en algún deporte, no quería distraer mi mente en trivialidades. Sin embargo, un día apareció uno de mis talones de Aquiles del cual ni tenía idea de su existencia: "el amor" y todo la nube de felicidad y desgracia que trae consigo.
Gracias este "fenómeno de encuentros cercanos" mis notas comenzaron a decaer al igual que mis metas e intereses. En algún momento descubro que no soy un hombre hecho para los romances, distraen y distorsionan mi visión. Pasé varios años de mi vida intentando no hacer caso a ese ritual de la vida… no tuve mucho éxito. Perdí el balance entre lo que debía y lo quería hacer de mi vida, rutinas sin sentido fueron cosa común en mis días.
Por fortuna y desfortuna, una gran decepción emocional me hizo despertar y ver en lo que me había convertido en 7 años; miré de manera desagradable que ya era un adulto y que solo me había convertido en una sombra humana, similar al caso de mi madre con mi padre.
El mundo real
¿¡Qué demonios había hecho durante este tiempo!? Por alguna razón esta pregunta más que desalentarme me animó y despertó. Como si se tratase de un efecto dominó, los sucesos que se acontecieron tras ese despertar no pararon, un mejor puesto en el trabajo, mi admisión en la carrera de diseño gráfico, las mejores y más destacadas calificaciones, inclusive comencé a desenvolverme en el ambiente de mi carrera de forma prematura consiguiendo algunas firmas de trabajo. Maravilloso resurgimiento —no creo—.
Se presentó una vez más mi talón de Aquiles, derrumbando mi tiempo y esfuerzo invertido. Vaya idiota, seguí cometiendo el error otras veces, dejé la escuela de diseño gráfico y me convertí en el "hombre de familia".
Una noche mientras intentaba dormir algo estalló. Me pregunté: «¿Dónde está el costo beneficio de esta inversión a la que le llamo vida?». Mi mente divagaba en las horas laborales y me preguntaba si eso es lo que quería hacer el resto de mi vida… Despertar, ir al trabajo, llegar exhausto a casa después de un día difícil con los clientes, mirar series con mi pareja, dormir y repetir el proceso una y otra vez… ¡No, ese no soy yo!
Decidí regresar a la universidad, esta vez intentado explorar mi lado artístico, y así fue como ingresé en la escuela de artes. Pero noté algo diferente en mi, ya no era el niño que tomaba decisiones a la ligera, comencé a ser más selectivo con mis amistades y traté de involucrarme con quienes tenían la experiencia, no sólo la técnica. Conocí una persona que cambio mi vida y me hizo madurar más de lo que jamás creí posible. Me encaré al mundo real y al ecosistema de los negocios que me apasionó y dio dirección a mi vida.
Hoy, un par de años más tarde y con unos añitos encima, pero con la juventud aún en mi, puedo decir que no cambiaría ninguno de los sucesos ocurridos en mi vida. Las disfuncionalidades de mi familia, mis errores cometidos, la gente con la que me crucé en mi vida, todos ellos son las bases de las inversiones de mi vida.
La inversión de la vida
Te preguntarás por qué escribo esto y expongo mi vida de esta forma, simple y sencillamente porque me gustaría ser un ejemplo. Quizá no tenga la peor vida y se que hay gente que la ha pasado peor que yo, pero toma lo positivo que he escrito, interioriza mis palabras, quiero que concordemos en que no hay mejor inversión que en la vida misma.